Ceras
Las ceras son una clase diversa de compuestos orgánicos que son sólidos lipófilos y maleables cerca de la temperatura ambiente. Incluyen alcanos superiores (como los hidrocarburos de cadena larga) y ésteres formados a partir de ácidos grasos de cadena larga y alcoholes de cadena larga, lo que los convierte en lípidos hidrofóbicos que suelen ser sólidos o semisólidos a temperatura ambiente con puntos de fusión que a menudo superan los 40 °C e insolubles en agua.[1][2][3] Estas sustancias exhiben baja reactividad, alta estabilidad y una textura cerosa, lo que las distingue de lípidos más fluidos como aceites o grasas, que carecen de enlaces éster con alcoholes.[4]
Las ceras naturales se derivan de fuentes vegetales, animales o minerales, incluida la cera de abejas producida por las abejas para la construcción de colmenas, la cera de carnauba extraída de las hojas de la palma Copernicia prunifera y la lanolina de la lana de oveja, cada una de las cuales cumple funciones protectoras en sus orígenes biológicos, como impermeabilización y formación de barreras.[5] Las ceras sintéticas, a menudo a base de petróleo como la parafina o la cera microcristalina, se fabrican mediante procesos de refinación e imitan a sus contrapartes naturales, pero ofrecen mayor consistencia y pureza para las necesidades industriales. En contextos biológicos, las ceras funcionan como almacenamiento de energía o recubrimientos protectores, contrastando con las grasas por sus puntos de fusión más altos y su digestibilidad reducida.[4]
